Silvestres son tus ojos,
a tu aroma de tierno caudal
que baña las rocas sin vendaval.
Las lluvias se asoman
y las ventanas se empañan,
quizás llegue el invierno,
¡oh! quizás llegue el invierno a tu vida...pero no a tu corazón.
Silvestre es tu mirada,
más en las caricias que das,
como un cachorro domado estás.
No será el día en que la luna se asome y el sol se oculte
donde tu tierna mirada y tus salvajes caricias
domen a tal dama amada
que camina descalza por aquel sendero iluminado de estrellas
que dejarás las locuras por una estrella
por tal tristeza y vacío que sentirás
que cual dama te amo y no verás jamás
por tus desafortunadas aventuras.