7 de enero de 2012

II


Que tibio es el aire que acaricia mi rostro,
mirando hacia el mar me encuentro,
mientras la arena juguetea entre mis dedos,
sumida en un mundo de cemento, 
donde los árboles y la hierba son reemplazadas por faroles y buzones.


Que infante es mi alma,
la inocencia es esquiva,
quiero que las estrellas acaricien mis cabellos,
tan sólo quiero un cariño,
olvidando la tristeza del universo.